“..si hiciéramos un listado de todas nuestras emociones,
observaríamos que en casi todas las situaciones el culpable está fuera..”
¿Cómo me veo? y ¿cómo me ven? Son dos preguntas en las que las respuestas, en la mayoría de los casos, no coinciden. Las “etiquetas” que me pongo a mí mismo es muy posible que no se parezcan mucho a las “etiquetas” que me ponen los demás. La mayoría de las personas se preocupan más de lo externo que de lo interno de la misma manera que preferimos buscar “culpables” de nuestros propios errores: esa persona me ha hecho enfadar…, me has puesto triste,… me has hecho daño,… has puesto la silla ahí para que tropiece,… Si hiciéramos un listado al cabo del día de todas nuestras emociones, observaríamos que en casi todas las situaciones el culpable está ahí afuera. ¿Por qué no queremos mirar un poco dentro de nosotros? Muchas personas responden que no quieren hacerlo por miedo a ver cosas que no quieren ver y mucho menos reconocer. Prefieren “esconder” y “tapar” esas emociones de rabia, miedo y tristeza porque prefieren mantenerse alejadas de ellas, prefieren desconectarse de ellas. Todo esto que no queremos ver va influyendo poco a poco en nuestra autoestima sin darnos cuenta. Pero, ¿qué es la autoestima? La autoestima es precisamente la imagen que tenemos de nosotros mismos acompañada de las emociones correspondientes a esa imagen. Pero si no quiero ver lo que realmente soy y me voy tapando por miedo, esa imagen no estará bien definida y tenderá a crear conflictos internos en la persona. Por eso es importante, verse por dentro y conocerse con lo bueno y con lo malo (desde nuestro punto de vista) y lo bueno mantenerlo y lo malo, lo que no nos guste, cambiarlo (si es que nos hace sentirnos mal). De esa forma, nuestras etiquetas y las externas empezarán a coincidir siempre y cuando seamos conscientes de lo que somos. Hay otra parte de nosotros que constituye nuestra “sombra” que según define Carl Jung es esa parte de nosotros que nuestro consciente no quiere ver, que no quiere admitir y por eso pasa a formar parte de la sombra. Es esa sombra la que vamos proyectando en el mundo externo porque es precisamente lo que no queremos ver dentro de nosotros. La autoestima trabaja nuestra sombra, lo que rechazamos de nosotros y nos ayuda a comprender que todos somos duales y que si me pongo la etiqueta de alegre es porque también existe en mí la etiqueta de tristeza (aunque no la vea) y reconociendo en mí las dos etiquetas podré reconocer en lo externo a un alegre y a un triste y sabré tratar a los dos exactamente igual y empatizar puesto que yo también soy las dos cosas. De esa forma el trato con la gente se hace más fácil y sencillo. Podemos elegir a nuestra pareja y amigos pero… todo lo demás que no elegimos es un aprendizaje para poder conocernos mejor.