“..es obvio que la nada no puede contener algo en si misma,
y que el todo no puede existir teniendo nada en lo que abarca..”
Entendiendo el término Ki en un sentido primario y no como lo que simplemente significa como vocablo en japonés, energía, en un trasfondo abarcativo podría afirmarse que Ki es la esencia primigenia y básica de todo el universo.
Todo está formado y animado por ese Ki, todo es energía. Pero cuando hablamos de Reiki estamos agregando una partícula que la diferencia, Rei, la cual viene a significar tanto universal como sagrado y esto implica que, en principio, es una energía que no tiene límites ya que uno de sus atributos es la omnipresencia. Luego y no menos importante, su naturaleza sagrada o espiritual no puede manifestarse si un plan, una inteligencia, propósito u orden que le sea propio; como tal -y por fuerza- deben existir reglas aplicables para que pueda funcionar.
Técnicamente, su función y operatividad no podría ser bloqueada por nada en todo el universo ya que hablamos del sustrato básico del mismo y por lo tanto, resultaría un contrasentido el solo hecho de plantearlo cuando no estamos hablando de algo aleatorio o anárquico, sino que es perfecto en esencia. Sin embargo, el Ki se organiza de diferentes maneras dando lugar a entidades y como es lógico suponer, cada manifestación organizada de una manera particular debe tener reglas para desarrollarse y subsistir de manera armoniosa.
En el caso del ser humano -una fuerza creadora no auto asumida-, la regla de exclusión está representada por el libre albedrío, o sea por la razón y, se cae por su propio peso que si esa cualidad intelectual no tuviese la fuerza suficiente, la enfermedad, por ejemplo, no podría existir. El libre albedrío es la única barrera que puede inhibir la acción del Reiki.
En todo caso, el ser humano es un sistema subordinado con algo de autonomía, aunque bastante limitado de acuerdo a su capacidad de percepción e interpretación de la realidad.
A pesar de que estas palabras nos son familiares y las utilizamos muchas veces, estos dos conceptos se refieren a abstracciones que carecen de realidad en la práctica. Por un lado, el todo, a escala humana y por supuesto "desde" una escala que tenga al hombre como unidad de medida es algo inabarcable; aún concibiendo el todo en un momento dado y claro está, si esto fuese posible, nadie podría afirmar que en el próximo instante algo se agregue o desaparezca de ese todo. Nadie puede afirmar que este es inmutable y por lo tanto, tampoco puede ser el todo.
Por otra parte, la nada ni siquiera puede existir, ya que el mero hecho de nombrarla ya la convierte en algo. De todas maneras, ambas son concepciones que se aniquilan mutuamente –es obvio que la nada no puede contener algo en si misma y que el todo no puede existir teniendo nada en lo que abarca. Esto nos muestra claramente donde estamos parados: en una ambigüedad de los sentidos al procurar interpretar la realidad.
Aún así podría decirse que a todo fin práctico existen dos versiones de la realidad, la local y la inasible. La percepción de la realidad es totalmente subjetiva y sin embargo, es la única que nos presenta un espejismo más o menos sólido y manejable; la Realidad con mayúscula, esa que escapa a la comprensión humana y que de espejismo no tiene nada, no puede ser apreciada desde dentro del sistema porque nuestros órganos sensores pertenecen justamente a este sistema y son limitadísimos, pero huelga decir que desde fuera del sistema tampoco resulta una acción posible de realizar ya que no puede existir un "fuera del sistema" ya que es imposible que exista un más allá del todo… o este dejaría de serlo.
La corriente cuántica nos induce a creer que en realidad vivimos en un multiverso, o sea en un infinito mar de posibilidades donde todo está ocurriendo de manera simultánea; si esto fuese así, sería dado pensar que de descubrir la manera de dejar este plano para ingresar en uno paralelo y coexistente, podríamos desplazarnos en el tiempo, solo que ninguno de esos planos tiene vinculación con el nuestro. De hecho, nuestro plano de existencia puede ser una consecuencia de alguno de esos planos paralelos que consideramos clones y no la causa de la existencia de estos... Obviamente, el complejo antropocéntrico es muy fuerte y tendemos a creer que nuestra realidad es la verdadera.
Esta realidad entrecomillada es la que manejamos a diario y estamos creándola todo el tiempo, al punto de que nada externo a ella tiene la menor influencia sobre su desarrollo por el sencillo motivo de que todos los conceptos como dentro, fuera y en realidad, todas las parejas de dualidades que nos vengan en mente, son ilusiones que nos presenta el mundo sensorial, o mejor dicho, la interpretación que nos hacemos del mismo. En este marco, creo que tenemos la capacidad de crear lo que percibimos cotidianamente, pero también que eso es una función tan autónoma como el respirar, algo sobre lo que puede ejercerse un poco de control voluntario pero no mucho más. De otra manera y si en verdad somos uno, bastaría la creación de parte de un hombre cualquiera, para que el mundo fuese un vergel o, para que este simplemente desapareciese en un espasmo y, aunque en verdad esto sí podría suceder realmente, en ese caso estaríamos haciendo referencia tan solo a aquello que forma parte de la realidad de ese hombre, una realidad tan innegable como éste sea capaz de percibirla y recrearla.
Esta realidad entrecomillada es la que manejamos a diario y estamos creándola todo el tiempo, al punto de que nada externo a ella tiene la menor influencia sobre su desarrollo por el sencillo motivo de que todos los conceptos como dentro, fuera y en realidad, todas las parejas de dualidades que nos vengan en mente, son ilusiones que nos presenta el mundo sensorial, o mejor dicho, la interpretación que nos hacemos del mismo. En este marco, creo que tenemos la capacidad de crear lo que percibimos cotidianamente, pero también que eso es una función tan autónoma como el respirar, algo sobre lo que puede ejercerse un poco de control voluntario pero no mucho más. De otra manera y si en verdad somos uno, bastaría la creación de parte de un hombre cualquiera, para que el mundo fuese un vergel o, para que este simplemente desapareciese en un espasmo y, aunque en verdad esto sí podría suceder realmente, en ese caso estaríamos haciendo referencia tan solo a aquello que forma parte de la realidad de ese hombre, una realidad tan innegable como éste sea capaz de percibirla y recrearla.
Se pueden aprender un par de trucos desde ya y eso no estaría nada mal, ya que estas habilidades pueden suponer un salto exponencial. Del mismo modo en que se entrenan los pulmones para producir una apnea de cinco minutos, la percepción se puede modificar por medio de un estado alterado de conciencia, como por ejemplo con la meditación profunda; sin embargo, en ese estado desaparece la inquietud del deseo creador.
De manera constante y consciente intentamos hacernos con un mapa de la situación y, con mano inexperta y vacilante dibujamos sus contornos; estamos en busca de esas reglas que determinan nuestra realidad local porque internamente sabemos que, aunque no conozcamos aún la manera… esto no representa en modo alguno que una regla no pueda ser vulnerada ya que precisamente, se trata de reglas y no de leyes.