“..busca lo mejor en las personas y poténcialo,
bríndale pautas para que asuman su poder personal..”
Uno de los temas que más veces he leído, escuchado y que además, goza de un mayor número de interpretaciones, es sin duda qué significa ser maestro; sin embargo, la respuesta es muy simple: es alguien que forma a otros en aquella materia o arte en la que es idóneo.
Y no habría mucho más que decir si no fuese que el sentido de la pregunta es muy amplio. Por ejemplo, al estar considerando a un ser humano cumpliendo una función, es hasta natural que los bordes se desdibujen un poco ya que generalmente, todos tenemos una idealización de lo que un maestro debiera ser y también, comúnmente… nos equivocamos de cabo a rabo, debido a que nos ponemos en su lugar y le hacemos objeto de unas expectativas que solo estarían muy bien para nosotros :)
Por otra parte dicen que todos somos maestros, aunque yo opino que siempre, en algún momento o situación determinada, cualquier persona puede tener una frase inspirada la cual puede hasta mejorarnos la vida radicalmente si la ponemos en práctica, pero, no tiene responsabilidad sobre la frase en cuestión; entonces maestro -por fuerza- debe ser algo más.
Quizá podríamos acercarnos más si decimos que se trata de una persona idónea en su materia o arte, que esa función tiene un lugar importante en su vida diaria y que asimismo, es responsable sobre lo que enseña. Luego, tiene un compromiso ineludible: su propia evolución profesional, ya que lo que se estanca termina produciendo frustración y aquí es justo donde aparece otra característica, la cual no es otra que la evolución personal, ya que ocupándose de esto, el desarrollo profesional termina siendo una agradable consecuencia. Porque esta impacta primero en uno para terminar dando frutos en su entorno y, la maravilla, radica en que nunca conoceremos el alcance de lo que ha sembrado.
Siguiendo con esta línea de pensamiento, todo maestro -antes de ser tal- fue, es y seguirá siendo una persona, por lo cual, su mirada debería estar puesta en mejorar en ese punto, ya que en el balance es tanto o más importante el desarrollar empatía, comprensión, tolerancia, conexión… por qué no llamarlo amor, que conocer todas las técnicas del oficio. De ese modo, aún si supiese solo un poco, podría entregarlo de manera efectiva ya que la enseñanza estaría contemplando las capacidades naturales del alumno. Y ya surgieron entonces otras características: se trata de alguien que se ocupa de su crecimiento personal y, producto de esto, una persona que considera al otro en todo su potencial.
Para terminar de cerrar mi concepto sobre un maestro, ahora sí, de un Maestro de Reiki, podría agregar que es alguien que valora el interior -ese espacio que nos es común a todos, aún con distintas cosmovisiones personales-, que ha entendido su misión o al menos trabaja en ello y que ha tomado un interesante compromiso, el cual forma parte de aquello que le completa. Mis modelos, mis Maestros, cumplen con todo lo que he expuesto sobre el tema y por este motivo, me ha resultado muy sencillo volcar aquí estos pensamientos.
Luego, todo es algo muy subjetivo ya que nuestra interpretación se ajusta a nuestra escala de valores y, evidentemente, no hay manera posible de que dos personas opinen textualmente lo mismo sobre un tema dado, ya que tenemos nuestra manera particular y privada de concebir el mundo, pero en líneas generales podría decir que un Maestro de Reiki es alguien que adoptó el compromiso de edificar su interior, que ha sido formado profesionalmente, que respeta y agradece lo que le han enseñado, que valora a las personas, que puede llegar a percibir y creer en el potencial de sus alumnos y los admira por ello, que se hace responsable de lo que transmite y, que brinda un servicio en la esperanza de ser útil.
Hasta allí, al menos, debería llegar su responsabilidad de cara a la enseñanza. Hasta saber que ha dado lo mejor de sí y sobre este aspecto, me vienen a la memoria cosas que he escuchado por el camino, entre ellas, dichos que no son más que opiniones personales pero que a fuerza de adoptarse y repetirse se han instalado en el folklore del Reiki. Un ejemplo claro, es que un Maestro debe cobrar honorarios muy altos por su enseñanza con el objeto de que el alumno valore lo que ha aprendido…
Pero resulta que un Maestro de Reiki no es responsable de las elecciones que un alumno tome en su propia vida. Si este aprovecha o no la enseñanza ya no es algo que deba preocuparle, porque su parte en esta relación la ha cumplido y debe seguir ya que hay mucho trabajo por hacer. Se alegra genuínamente cuando percibe un crecimiento en un alumno si bien, sabe que no puede crecer por este.
Como seres humanos sujetos a la realidad diaria, podríamos decir que el tiempo es nuestro único capital no renovable. Si eres Maestro de Reiki tampoco escapas a esto, pero estás (o debieras estar ya) en posesión de un conocimiento básico: tu tiempo no está formado por lo que obtienes sino por cuán feliz eres mientras vas en camino, ya sea que obtengas o no. Y lo bueno de todo esto es que el tiempo se puede multiplicar… ¿cómo es esto?
Si nos atenemos a la lógica, el tiempo de tutoría es al menos limitado y esto se debe a que está sujeto a la disponibilidad física. Si tienes dos o tres alumnos no tendrás mayores inconvenientes; si son diez o más ya tendrás que organizarte muy bien, pero si son miles (como en el caso de mi Maestro) ya me explicarás…
Entonces, para ilustrar lo dicho, podría resumirlo en: forma alumnos independientes; no eres un guía espiritual… a menos que también lo seas. Busca lo mejor en las personas y poténcialo, bríndale pautas para que asuman su poder personal y el tiempo se habrá multiplicado, ya que todo el crecimiento de tus alumnos y aún más, todo el crecimiento de tus Maestros será de alguna manera el tuyo, porque existe un hilo conductor y tú formas parte de este. De ese modo tendrás una oportunidad de ser feliz a cada instante y esa, que duda cabe, es otra característica importante en un maestro.
Esa felicidad, aunque muy grata de experimentar, es obviamente emocional y tan solo un termómetro de aquello que te aporta confianza en lo que realices, ya sea dentro y fuera de lo que hace a Reiki, pero, si has entendido tu misión, entonces desarrollarla te dará gozo, una cualidad netamente espiritual que no está condicionada por ningún factor externo; así llegarás a disfrutar bajo cualquier condición porque, ocurra lo que ocurra, puedes tener la seguridad de que tu vida tiene un sentido y que vas por buen camino.
En cuanto a que tan espiritual debe ser un Maestro de Reiki, bueno, creo que tanto como se lo permita. Si ha entendido los beneficios de serlo, es algo que procurará de manera natural y sin presionarse. Aún así, Reiki no solo permite sino que alienta a que cada persona desarrolle su espiritualidad así como la entienda, así como le funcione, porque eso es lo que verdaderamente importa: darle a cada cosa su justo valor, ya que a un Maestro no lo hace un diploma y de algún modo, la maestría es un piso, no un techo. Allí se vuelve a estar como cuando era un alumno, con millones de cosas para descubrir pero con mayor responsabilidad hacia su crecimiento, asumiendo ese compromiso porque sabe que es en realidad posible y que además, eso ya fue vislumbrado por alguien que tomó antes el mismo camino. Tan solo por honrar esa confianza terminará encontrando su camino personal, ya que no existe un modelo absoluto que defina con propiedad a un Maestro de Reiki; éste tendrá su óptica privada sobre muchas cuestiones, mayor agrado por desarrollar la docencia o por realizar terapias, pero lo saliente en todo esto es que habrá conseguido las herramientas y los motivos para trabajar su interior y así, brindar algo genuíno y me reitero, aunque sepa poco -que eso es muy relativo, ya que yo prefiero para mí a un Maestro que sepa poco, pero que esto sea lo que yo necesito en ese instante-, ya que el desconocimiento se corrige con información adecuada; lo demás también, por supuesto… solo que lleva un poco más de trabajo :)
¿Vale la pena entonces ser un Maestro de Reiki?
¡Sin lugar a dudas! Es una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida, aunque en honor a la verdad y a la distancia, ya ser reikista en cualquiera de sus niveles es algo muy grato: una excelente vía para el crecimiento personal y el desarrollo interior.